Hay simuladores que enseñan a pilotar un avión, cultivar una granja, sobrevivir un apocalipsis o administrar un negocio… y luego está Meat Grinder: Hotdog Simulator, un juego que básicamente pregunta ¿Qué pasaría si abrieran un puesto de hot dogs en un pueblo cubierto de niebla y, cuando se acabara la carne, decidieran que el cementerio es su nuevo proveedor? Pues eso. Emprendimiento.
Así que bienvenidos a Grimshore, un lugar donde la niebla es espesa, las calles están sospechosamente vacías y aparentemente nadie en el ayuntamiento se ha preguntado por qué el nuevo dueño del puesto de hot dogs sale de noche con una pala. Ya saben, todo perfectamente normal. Durante el día, el juego es un simulador de cocina bastante sencillo y sorprendentemente relajante. Simplemente sacamos la carne del congelador, preparamos las salchichas (que no se quemen), cortamos el pan, freímos unas papas y entregamos los pedidos mientras intentamos mantener contentos a los clientes… el típico sueño de cualquier emprendedor, trabajar muchísimo, ganar algo de dinero y sin que nadie nos ofrezca seguro médico.
Claro que el giro inesperado llega con la gracia en que cuando se acaba la carne, el juego propone una solución empresarial bastante particular.
En Meat Grinder: Hotdog Simulator, en lugar de llamar a un proveedor, esperar un camión refrigerado o simplemente aceptar que hoy no hay hot dogs, saldremos durante la noche con la pala para buscar materia prima entre las tumbas… porque si algo nos ha enseñado el capitalismo es que ante una crisis de suministros hay que diversificar la cadena de producción. Y aquí es donde Meat Grinder encuentra su encanto, en una premisa completamente absurda, así que mientras estamos ahí, preocupados porque las salchichas no se quemen, al mismo tiempo estamos intentando de no ser descubiertos por la policía después de profanar una tumba.
Ahora, el ciclo de juego es bastante sencillo, durante el día administramos el restaurante y durante la noche podemos “explorar” Grimshore, conseguir ingredientes de procedencia cuestionable, descubrir algunos secretos y seguir avanzando en la historia. No hay que memorizar veinte tutoriales ni estudiar una carrera universitaria en administración de restaurantes. Además los controles son simples y todo resulta bastante accesible. Y eso funciona muy bien. Otra buena noticia es que la preparación de los pedidos tiene ese encanto de los simuladores donde comenzamos haciendo una tarea sencilla y después de un rato, estamos trabajando automáticamente entre la parrilla y el mostrador como si lleváramos veinte años trabajando en comida rápida.
Visualmente Meat Grinder: Hotdog Simulator apuesta por gráficos low-poly con una estética retro que recuerda muchísimo a los juegos de terror de la era de PlayStation, con texturas simples, niebla, iluminación oscura y personajes sencillos. Y claro que eso se agradece, si este juego tuviera gráficos fotorrealistas probablemente estaríamos hablando de otra categoría de terror. Por fortuna todo tiene ese aspecto deliberadamente tosco que permite que nuestro cerebro diga “Es una persona muerta convertida en hot dog” y al mismo tiempo “pero mira qué simpáticos los polígonos”.
Quizá la mala noticia es su simple historia que intenta darle un poco más de profundidad al protagonista y al misterioso pasado de Grimshore, así que es probablemente la parte menos memorable de la experiencia. Hay una trama principal, personajes y algunas situaciones extrañas, pero todo se desarrolla bastante rápido y sin mucho chiste. Meat Grinder: Hotdog Simulator realmente funciona en su capacidad para no tomarse demasiado en serio ¿Es un simulador profundo? No ¿Tiene toneladas de contenido? Tampoco ¿Vamos a pasar 200 horas diseñando el restaurante de nuestros sueños? Probablemente no. Además también ayuda que el juego sea bastante ligero en lo técnico, ya que su estética, controles sencillos y apartado visual hacen que se sienta como uno de esos títulos que prácticamente podrían funcionar en una tostadora. Y en Steam Deck se siente hasta de sobra, es portátil, sencillo, extraño y perfecto para jugar mientras esperan que llegue su propia comida a domicilio.
Claramente Meat Grinder: Hotdog Simulator no pretende ser el próximo gran simulador gastronómico ni una obra maestra del terror psicológico. Es algo mucho más específico, es una pequeña experiencia absurda que mezcla cocina, administración, horror low-poly, humor negro y una cadena de suministro que debería provocar la intervención inmediata de las autoridades sanitarias. Y eso funciona bien.
Si buscan un juego corto, extraño, divertido y diferente, Meat Grinder: Hotdog Simulator es una buena opción para una tarde tranquila. No exige una inversión de cien horas, no obliga a aprender sistemas absurdamente complejos y tampoco pretende convencerlos de que están ante una experiencia trascendental. Solo quiere que preparen unos hot dogs. Y ocasionalmente saquen ingredientes de dudosa procedencia.
Por cierto, el título ya se encuentra disponible en Steam, pero más adelante llegará a PS5 y Xbox Series X|S.










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