Honeycomb: The World Beyond | Reseña en Xbox

Tras su paso por PC, la aventura de Frozen Way llega a Xbox Series X|S con una propuesta, como ya dije anteriormente, atractiva para quienes disfrutan de la ciencia ficción, la exploración pausada y los mundos que invitan a perderse sin demasiadas prisas.

La historia de Honeycomb nos pone en el papel de Hennessy, una bioingeniera de Eon Corp enviada al planeta Sota7 para estudiar sus formas de vida y encontrar información que pueda contribuir al futuro de la humanidad y, potencialmente, de la propia Tierra. Sota7 es sin duda el gran protagonista de la aventura, presentando diferentes biomas llenos de vegetación, criaturas y recursos, y recorrerlos resulta mucho más interesante cuando dejamos de pensar únicamente en llegar al siguiente punto marcado en el mapa. Dicho esto, es sencillo salir de nuestra base buscando un material específico y terminar observando una criatura desconocida, recoger una planta que no habíamos visto antes o simplemente detenernos a contemplar el paisaje.

Entonces la estructura de Honeycomb: The World Beyond combina exploración, recolección, fabricación, construcción y administración de recursos, pero lo hace con un ritmo bastante relajado. No estamos ante una experiencia que quiera presionarnos constantemente con enemigos o peligros horribles. El combate ocupa un papel secundario, porque en efecto, existen criaturas capaces de representar una amenaza y podemos utilizar herramientas para aturdirlas, pero el juego está mucho más interesado en que conozcamos el ecosistema que en convertir cada encuentro en una batalla de vida o muerte.

Nuestra base también juega un papel importante ya que podemos construir instalaciones, organizar recursos y desarrollar un pequeño centro científico que poco a poco se convierte en el punto desde donde continuamos nuestras investigaciones. El Planning Mode resulta útil para quienes prefieren dedicar más tiempo a explorar y menos a preocuparse por colocar cada estructura manualmente; sin embargo es la bioingeniería la que realmente distingue a Honeycomb dentro del género pues Hennessy no estudia las especies de Sota7 únicamente por curiosidad, las muestras tienen aplicaciones prácticas y los experimentos permiten descubrir nuevas posibilidades mediante la combinación y reproducción de organismos. Así, plantas y criaturas adquieren un propósito más allá de llenar el escenario, mientras que el ciclo de explorar, recolectar muestras, regresar al laboratorio y experimentar funciona de manera bastante natural. Básicamente toda la base de jugabilidad y sus mecánicas son interesantes, y eso se nutre gracias a su colorido apartado gráfico.

Visualmente, el planeta continúa siendo uno de los aspectos más atractivos de la aventura gracias a sus colores vivos, abundante vegetación y la variedad de criaturas, mientras que el contraste entre la naturaleza alienígena y nuestra tecnología refuerza la sensación de estar realizando una expedición en un mundo completamente desconocido. En esta versión de Xbox Series no encontré mayores fallos, bugs o algo por el estilo (quizá algo de popping), así que el juego funciona bien; no pueden esperar algo de estilo AAA aunque tenga un aspecto tan colorido, pero el juego se esfuerza por marcar calidad y cuidado en sus diseños, y su estilo tranquilo de jugar ayuda mucho.

Honeycomb: The World Beyond no pretende competir directamente con los enormes mundos de supervivencia que pueden mantenernos ocupados durante cientos de horas; su propuesta es más contenida, tranquila y resulta especialmente atractiva para quienes buscan una experiencia que puedan disfrutar a su propio ritmo.

Si les gustan los mundos alienígenas, la exploración, la construcción de bases y la posibilidad de experimentar con formas de vida extrañas, Honeycomb: The World Beyond encuentra una combinación llamativa. Como he dicho, es una especie de supervivencia espacial cozy, aunque no todo en Sota7 quiera precisamente ser nuestro amigo.

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