I Hate This Place! es uno de esos juegos que incomodan incluso cuando no pasa nada y solamente estamos dando vueltas por el entorno. Desarrollado por Rock Square Thunder y Broken Mirror Games en colaboración con Skybound Entertainment, este survival horror isométrico llega a PC, PlayStation 5, Xbox Series X|S y Nintendo Switch con una propuesta de sobrevivir en un mundo maldito lleno de peligro que no siempre se anuncia y el miedo se va construyendo poco a poco.
Inspirado en el cómic homónimo nominado al premio Eisner, I Hate This Place! nos pone en la piel de Elena, una joven atrapada en el siniestro Rancho Rutherford tras un ritual que sale terriblemente mal… obviamente. Desde el inicio, la historia arranca de forma abrupta y confusa, lo que refuerza esa sensación de estar perdido en un lugar que no sigue reglas normales, aquí nada se explica demasiado, y esa decisión narrativa se mantiene durante toda la experiencia así que como imaginarán, muchas veces estarán sin saber qué hacer o qué está pasando en la historia, y todo se irá resolviendo con el tiempo.
La jugabilidad gira en torno a la exploración, el crafteo y la supervivencia. Durante el día, el mundo parece casi habitable, y es el momento de recolectar recursos, investigar bosques, visitar un pueblo abandonado o adentrarse en búnkeres infestados; también es cuando podemos mejorar la base, reconstruir refugios y preparar herramientas que serán vitales más adelante. Dicho esto, nuestro rancho funciona como centro de operaciones, con mecánicas ligeras de construcción que permiten generar agua, madera, chatarra y cultivar alimentos, algo importante ya que el hambre afecta directamente a la resistencia de Elena, por lo que tendremos que estar continuamente prestando atención a su barra de hambre y de cansancio, siempre manteniendo un snack o aperitivo en nuestro inventario.
Por otra parte, cuando cae la noche, el juego cambia radicalmente, y muestra una oscuridad que se vuelve opresiva, la visibilidad se reduce al mínimo incluso con linterna y las criaturas se multiplican, siendo más agresivas y difíciles de evitar. Aquí el diseño sonoro cobra un papel clave, como muchos enemigos cazan guiándose por el ruido que hacemos, esto obliga a movernos con cuidado y a pensar cada acción; en muchos casos huir y esconderse hasta el amanecer es la decisión más sensata, aunque con otras repercusiones claro. El sigilo y el combate funcionan bien, aunque la fuerza bruta rara vez es la mejor opción en este mundo. Las armas se sienten frágiles y poco potentes, y lanzar objetos o colocar trampas puede resultar torpe en medio del caos, así que este sistema funciona, pero no siempre es satisfactorio, en parte por unos controles algo rígidos y una cámara isométrica que a veces juega en contra nuestra.
Uno de los aspectos más interesantes de I Hate This Place! aparece durante la noche con ciertos eventos opcionales, como historias de fantasmas que se descubren a través de portales repartidos por el mapa. dichos segmentos narrativos aportan trasfondo al mundo y refuerzan su tono trágico y perturbador. Afortunadamente existen habitaciones seguras y un sistema de viaje rápido entre algunas zonas, lo que ayuda a aliviar la tensión.
Claramente y desde el inicio, el juego destaca por su estilo de cómic, con colores intensos, trazos marcados, lugares con muchas sombras y penumbras, escenarios algo variados, y una estética retro que remite directamente al terror de los años 80.
I Hate This Place! no es un survival horror perfecto. Sus mecánicas pueden sentirse ásperas y su falta de explicaciones no es para todos, sin embargo, logra construir una atmósfera constante de incomodidad, rareza y amenaza. Es un juego que se disfruta más por lo que transmite que por lo que muestra, y que se recomienda ser jugado con calma, auriculares puestos y las luces apagadas.









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