¿Qué no harían por amor? ¿Escribir una canción, regalar flores… o meterse a una mazmorra llena de monstruos dispuestos a arrancarles la cabeza? Para Davy, un zombi bastante desafortunado, la respuesta es clara: cualquier cosa con tal de revivir a Julia, la humana congelada de quien está enamorado.
Desarrollado por GPTRACK50, Stupid Never Dies es un RPG de acción con elementos roguelite que mezcla combates frenéticos, transformaciones y una disparatada historia llena de carisma, todo para entregar una propuesta que no reinventa el género, pero que consigue destacar gracias a su personalidad y unas mecánicas que invitan a seguir jugando incluso después de recibir una paliza monumental.
Creo que la principal virtud del juego está en su sistema de combate; Davy puede comer/absorber los núcleos de ciertos enemigos para adoptar sus formas y aprovechar sus habilidades, lo que permite experimentar con distintos estilos de lucha y adaptar la estrategia en cada enfrentamiento; a esto se suman las paradas, los contraataques y un buen repertorio de mejoras que hacen que cada incursión en la mazmorra tenga sus propias posibilidades y oportunidades de victoria. En Stupid Never Dies no basta con repartir golpes a lo loco, también hay que aprender a defenderse, aunque a veces el entusiasmo por machacar monstruos nos haga olvidar ese pequeño detalle.
Sin duda la progresión roguelite es lo que mantiene el interés para descubrir nuevas habilidades, mejoras permanentes y recompensas que hacen que cada intento cuente, incluso cuando todo termina en desastre. Sin embargo, la repetición de escenarios y enemigos acaba pasando factura, especialmente durante ciertas tareas de recolección; otro detalle que quizá a algunos no les agrade, es el límite de tiempo, que también añade presión a las expediciones, obligándonos a decidir si merece la pena arriesgarse por mejores recompensas en otro escenario de la mazmorra, o salir corriendo al refugio, antes de que Davy empiece a descomponerse más de la cuenta. Por suerte, las transformaciones que podemos obtener en combate aportan variedad suficiente para que los enfrentamientos conserven buena parte de su atractivo, el cual también se alimenta de su destacado apartado artístico.
Dicho esto, el apartado de arte en Stupid Never Dies presenta una estética estilizada, muy colorida y exagerada que encaja perfectamente con su universo de monstruos y humor; los personajes tienen diseños llamativos, las animaciones transmiten mucha energía, y los efectos de combate convierten cada enfrentamiento en un pequeño espectáculo. Asimismo, las mazmorras también aprovechan esa identidad visual, mientras que el centro comercial que sirve como refugio entre incursiones, aporta un contraste divertido porque aparentemente, incluso en un mundo lleno de criaturas sobrenaturales, siempre queda tiempo para pasar el rato en el centro comercial… para luego literalmente, irse por el retrete.
Por otra parte la música acompaña muy bien esta locura de juego, así que podemos encontrar guitarras eléctricas, baterías contundentes y sintetizadores que refuerzan el ritmo frenético de la acción. A todo esto, algunos jefes desbloquean nuevas versiones de temas musicales, añadiendo así un incentivo más a la progresión. En pocas palabras la selección musical tiene bastante personalidad y ayuda a mantener la energía durante los combates, aunque el sistema para escuchar ciertas canciones en el refugio resulta algo incómodo.
Y hablando de la historia, la trama sigue a Davy, un zombi marginado que se adentra en un mundo peligroso para rescatar a la chica que ama… y bueno, sobre el papel esto podría parecer una aventura romántica convencional ya vista muchas veces, pero aquí tenemos diálogos extravagantes, situaciones ridículas y personajes que parecen haber salido de una reunión creativa sin ninguna regla seria. El humor en Stupid Never Dies es descarado y deliberadamente exagerado, aunque a veces no todos los chistes aciertan en el blanco, lo más interesante es que detrás de tanta locura existe una historia sorprendentemente entrañable; Davy puede ser torpe, inseguro y bastante lamentable en algunos aspectos, pero su motivación consigue que conectemos con él. La combinación de romance, humor absurdo y acción funciona mejor de lo esperado y aporta un motivo para seguir avanzando más allá de conseguir mejores estadísticas.
Stupid Never Dies es una divertida aventura de acción con mucha personalidad que destaca por sus combates dinámicos, sus transformaciones, su apartado visual y una banda sonora llena de energía. Aunque la repetición de algunas actividades, el comienzo pausado y ciertos problemas de diseño pueden restarle puntos, su mezcla de progresión roguelite, humor estrafalario y romance absurdo consigue mantener viva la curiosidad en su narrativa.
Como dije, Stupid Never Dies no reinventa la fórmula, pero tampoco necesita hacerlo para ofrecer una experiencia entretenida y diferente; es uno de esos juegos que saben que su mayor virtud está en el saber no tomarse en serio. Por cierto, el juego ya está disponible en PC para Steam, y en PlayStation 5.








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