Routine, recién llegado a Xbox Game Pass, es sin duda, una carta de amor a esa ciencia ficción ochentera donde el futuro era un laberinto de tubos fluorescentes, pantallas CRT y máquinas que parecían tener alma. Si son fans del retrofuturismo, del terror silencioso estilo Alien y de la estética “tecnología fría en espacio profundo”, este juego es prácticamente una cápsula del tiempo hecha pesadilla que les va a encantar.
El juego nos presenta de forma inmediata y de una manera muy inmersiva su historia, una base lunar, abandonada y extrañamente intacta, que deja de emitir señales de vida. Y mientras despertamos, lo que comienza como una exploración con curiosidad científica se transforma rápidamente en una lucha por sobrevivir a una amenaza que, para colmo, nos considera el problema. Routine sabe entregar esa sensación de “que algo no encaja” y que nos persigue desde el primer pasillo vacío hasta el último terminal que lograremos activar con nuestra infalible y útil herramienta C.A.T. (la cual funciona con baterías, así que cuidado con ese recurso).
Lo que más destaca en Routine es su atmósfera. El juego no busca sobresaltar cada minuto, y prefiere invadir con un miedo constante, ese que se cuela por el zumbido eléctrico de los ventiladores, por las sombras interminables en los pasillos abandonados, y por las vibraciones metálicas que susurran que no estamos solos. Dicho esto, el diseño sonoro es una joya que funciona prácticamente como un personaje de la narrativa; todo cruje, zumba o respira de una manera que nos hace pensar que la base está viva, y no precisamente de forma amistosa. Así que, en efecto, es un juego tenso, que se debe disfrutar a un ritmo pausado, mientras encontramos notas y detalles que ayudan al desarrollo de la historia, y mientras conocemos las intrincadas mecánicas de movimiento de nuestro personaje.
La exploración es como pueden imaginar, el corazón de la experiencia; cabe decir que aquí no hay marcadores ni flechas que nos guíen, así que avanzar es un acto de observación, paciencia y una buena dosis de intuición. Por fortuna tenemos el C.A.T., un gadget retrofuturista que será nuestro mejor aliado para navegar, investigar y, en los peores casos, defendernos como último recurso.
Dicho esto, aunque el sigilo y la supervivencia dominan la jugabilidad, el verdadero encanto del juego está en su inmersión. La sensación de tener cuerpo, de tener que inclinarnos, pararnos de puntas o de agacharnos lo más que se pueda para encontrar objetos, dan un giro fresco y muy original al título, y añaden un nuevo significado a acciones como esconderse o manipular terminales como si estuviéramos realmente allí. Movernos entre sombras, tomar decisiones y estudiar a los enemigos crea una experiencia tan cercana al cine de ciencia ficción de los 80 que a veces podemos sentir como si en verdad estuviéramos dentro de una película perdida entre Blade Runner y Alien.
Routine no pretende reinventar el género, pero sí busca capturar una era, un estilo, y un tipo de miedo. Es una aventura tensa, hipnótica y profundamente atmosférica que emocionara a cualquier amante del sci-fi ochentero, el vaporwave o esos “espacios liminales” que parecen tranquilos hasta que nos damos cuenta de lo contrario. Si les seduce la combinación de tecnología analógica, el horror silencioso y una exploración sin guías, Routine es uno de esos juegos que los van a atrapar de inicio a fin.
Routine está disponible en PC (Steam), Xbox One y Xbox Series X|S; como dije, también se encuentra en el servicio de Xbox Game Pass.












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