Dishonored 2 | Reseña

Dishonored fue el primer juego al que volteé a ver después de unas 250-300 horas sumido en Skyrim -en PlayStation 3-, por lo que el recuerdo lo tengo bien arraigado por el nivel de atención que me acaparó. Hoy Dishonored 2 ya está disponible en PC, Xbox One y PlayStation 4, pero nos preguntamos si contiene el mismo nivel de intensidad que nos sacara de The Elder Scrolls V.

AHORA DESPIERTA LA MUJER QUE EN MI DORMÍA

Emily Kaldwin es la co-protagonista de Dishonored 2 junto con Corvo, y no es que podamos jugar con ambos a la par, sino en historias separadas, un detalle que incluso se ramifica después de un par de horas por tener la chance de aventurarnos sin ningún poder o completamente haciendo uso de ellos. Es decir, Bethesda y Arkane Studios nos dicen susurrando al oído “te lo echas cuatro veces como mínimo papawn”. 15 años después retomamos la historia tan interesante y malévola que nos pintaron, pero ahora con el paisaje un poco cambiado aprovechándonos de la desdicha de Emily.

A ver, para empezar ni se esperen una aventura rápida o de unas “20 horas saltándose todo”, eso es falso más falso que las monedas de tres centavos, pues con esas cuatro opciones y la incesante necedad de echarnos a los enemigos uno tras otro si nos cachan, todo será color de hormiga si no planifican, son pacientes y además efectivos a la hora de zampar tortazos.

Viejos y nuevos aventureros de la saga Dishonored, pueden estarse tranquilos por el árbol de habilidades y la rueda de las mismas, pues es casi idéntico -no así los poderes- y tiene la ventaja de manejarse casi igual, dándonos ese sentimiento de familiaridad y confort tan añorado cuando catamos una secuela; el follón viene cuando vemos estas cualidades y su diferencia entre los protagonistas, metiéndonos en camisa de once varas al decidir con quién empezaremos. Debo destacar que los trofeos no se dan por las cuatro posibles pasadas al juego, sino por completar capítulos, acabar la travesía sin matar a nadie -lo cual es viable pero resta mucho cachondeo-, hallar las mil y una reliquias u objetos esparcidos por el mapa, etcétera, etcétera.

Vamos, Dishonored 2 es por desgracia para unos -y fortuna para otros- una verdadera continuación del original pues no se modifica muchísimo. Estoy pensando en en la diversidad absurda de los seis juegos de Killzone, que al verlos juntos no se asemejan demasiado, pero volteamos con Dishonored 1 y 2, y no hay gran diferencia. Arma de doble filo por la relación ya íntima que tenemos con el primero, pero la casi nula sorpresa con el segundo, donde nos estimulan con la historia y la fantasía de jugar “15 años después” -dicho sea de paso, es magnífico ese factor- con una cantidad bárbara de elementos repetidos. Ambigüedad a la hora de decidir. Recórcholis.

TECNICISMOS

El sonido es una de las herramientas con la que Dishonored 2 busca empalarnos, y siendo honesto por supuesto que alcanza su meta, pues gracias al brutal manejo de la física auditiva, el detalle de escuchar a lo lejos, el buen uso del efecto Keppler y el cuidado agudo con la nitidez de los diferentes sonidos, es que Dishonored 2 atina al blanco zafándose de esa responsabilidad, que en el sigilo es elemental.

Gráficamente no me puedo quejar pero sí puedo sentirme un pelín decepcionado por el mínimo salto de la versión remasterizada para el PlayStation 4 que salió hace bastantes meses, y aunque confirmo una desigualdad notoria, no es la esperada por particularidades como el agua, algunas caídas de cuadros, expresiones faciales poco convincentes, climas y mapeos buenos a secas, y así podría seguirme un buen rato señalando desperfectos que no deberían existir, pues me dio la sensación de un trabajo no tan pulido y con más deseo de finalizarlo que de afinarlo.

Por favor, les ruego no mal interpreten mi sentir con Dishonored 2, no pretendo quitarles las ganas de jugarlo pues a la fecha me sigue llamando el sigilo, las muertes por detrás, las corazonadas, el misterio y un poco la sorpresa, dándome algunos tiempos para darle caña, a pesar de tenerlo bien identificado como una verdadera continuación, casi como un DLC enorme pero al fin y al cabo semejante en casi todo.

VEREDICTO

Dishonored 2 no deja de ser bueno, completo y con gran contenido para los amantes de la cautela, aproximaciones precavidas y silencio posible de cortar con una navaja. Y también cumple con los mancebos como yo que disfrutamos de ser estrepitosos valiéndonos un duro si se acercan enemigos por doquier. ¡Déjenlos venir a esos bastardos!

Bethesda ejecuta por segunda ocasión un producto entero y bien hecho sin ir más allá de los límites humanos. No hay duda de que no estamos ante el mejor juego del año y es probable que tampoco lo nominemos. Podría ver galardones en historia, doblajes, o mérito artístico -lo dudo pero Yuri insistió en este factor-, sin embargo como un “todo” no tiene madera, al menos no destaca como lo hiciera su sucesor que de manera avasalladora llegó al mercado ganándose el corazón de millones.

Sólo espero que si se planea una tercera parte -no caería nada mal-, los productores y directores empiecen a buscar tecnologías superiores y con más capacidad para asombrar a su fiel público. ¿Describir a Dishonored 2 ya para culminar mi rimbombante reseña? Agradable.

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